domingo, 1 de mayo de 2011

"Te lo mereces"

Ser yo quien escriba de fútbol sala casi se podría ver como una osadía por mi parte. Un atrevimiento si me apuran. Pero lo cierto es que no puedo dejar pasar esta inmejorable ocasión para mandar mi más sincera felicitación al mundo del fútbol sala.

Mientras se agotan los últimos días de temporada, y quién sabe si de algo más, contemplo con orgullo, desde la lejanía, un nuevo éxito para el deporte de mi ciudad, de la que me siento orgulloso y de la que sigo diciendo que es un ejemplo de apuesta por y para el deporte.

Pero los proyectos los generan y mantienen las personas. Como también los destrozan. Pero en este caso, el del fútbol sala, es especial. Lo generó, casi por encima de las posibilidades reales, un presidente, Tomás Olmeda, quien seguro que desde la lejanía, como yo, está feliz por el ascenso consumado. Sea más o menos justo, él inició el camino hasta la División de Honor, con sus errores… pero al César lo que es del César…

Y cuando peor estaba la nave en el apartado económico pero mejor estaba el equipo en el apartado deportivo, surgió el problema de siempre: “amigo don dinero”… El club se debatía entre la vida o la muerte, agonizaba, los que parecían los últimos suspiros los daba cada fin de semana sumando, de nuevo, tres nuevos puntos sobre la cancha. Ese escenario en el que los jugadores hablaban, demostrando que su implicación con un proyecto, una ciudad, y una afición, estaban por encima de todo.

Tras la dimisión de Olmeda, los jugadores se sintieron impotentes… pero tiraron de “bemoles” para sacar adelante al equipo en lo deportivo mientras un grupo humano se encargaría de la gestión del club hasta final de temporada, buscando de donde no había para paliar la delicada situación de un equipo que iba creciendo en unión. Una unión que, como no podía ser de otra forma, hizo la fuerza hasta el punto de decir: “lo vamos a conseguir sí o sí”… Y lo consiguieron. Y me puedo imaginar lo que habrá sido empezar el partido sabiendo que eran equipo de División de Honor al caer derrotado el Ribera Navarra en su partido de esta jornada. Y me puedo imaginar lo que habrá sido la celebración de una nueva victoria como solo saben hacerlo los grandes, demostrando profesionalidad absoluta sacando, pese a tener su objetivo conseguido, los tres puntos que hoy se ponían en juego.

Me alegro por un tipo como Vigara, que es de Puertollano y que ha sido, como siempre, un elemento indispensable en la consecución del ansiado y merecido ascenso. Se lo merece por todo y ha demostrado la calidad deportiva y humana que atesora.

Me alegro por un tipo como David Ramos, que posiblemente no me conozca (totalmente lógico por otra parte) pero que ha demostrado lo que es saber dirigir a un grupo “tocado” en lo económico pero “crecido” en lo deportivo. Uno más dentro de la plantilla pero siempre firme en su posición. Uno más entre los problemas pero siempre teniendo como forma de vida la profesionalidad y el respeto hacia un proyecto, una afición y una ciudad que ya es de División de Honor.

Me alegro por los jugadores, que han sido ejemplo para todos. Ejemplo de superación ante las adversidades y ejemplo de profesionalidad infinita. No habría sido justo que se hubieran quedado sin ascenso… se lo han merecido porque han sido los mejores sobre la pista y los mejores fuera de ella… y al final, ha existido justicia y me alegro por ellos.

Pero no podía acabar esta columna sin reconocer que me alegro, por encima de todos, por Javier García Carpintero. No me duelen prendas en ser agradecido con las personas como Javier. Aunque yo sé que le habría gustado verme por el pabellón, disfrutando del fútbol sala del equipo, siempre ha respetado mi postura, mi decisión, mis razones y mi situación. Nunca ha habido una mala cara. Siempre ha estado cuando se le ha necesitado, sin un solo reproche. Siempre. Y quizá porque ha sido mi voz cuando tocaba hablar de fútbol sala, sé lo que ha sufrido, sé lo que ha luchado y me puedo imaginar lo que está disfrutando. Porque todos lo merecían, pero él un poco más que el resto.

Su vida es el fútbol sala, o mejor, su vida el CD Puertollano de fútbol sala, y por fin este deporte le ha recompensado tantas horas de dedicación, tanto esfuerzo, tantos momentos difíciles, complicados. Su sonrisa lo dirá todo. Y quiero dedicarle a él esta columna, porque creo que se lo merece y porque su trabajo no está parando balones o marcando goles. Su trabajo, entre bastidores, está en dejarse la piel porque el equipo de fútbol sala de su ciudad esté en lo más alto. Era un sueño… y su sueño se ha hecho realidad.

Ahora, más de uno se apuntará al carro. Más de uno se sumará al éxito conseguido. Yo, humildemente, me apuntaré al carro de la felicidad de un aficionado al deporte de mi ciudad que desde esta noche tiene un equipo en División de Honor. Pero ir más allá me parecería una injusticia hacia todos aquellos que sí han sentido pasión y dedicación por y para el fútbol sala. El motivo de alegría es para toda la ciudad, pero la felicitación es para unos pocos… Las medallas: para junta directiva, cuerpo técnico, jugadores, la afición que ha ido al Antonio Rivilla desde el primer hasta el último partido y los medios de comunicación que siempre han estado ahí. El resto, disfrutemos desde la barrera… FELICIDADES A TODOS LOS QUE HE MENCIONADO, pero sobre todo, FELICIDADES JAVI, y por siempre GRACIAS POR TODO.

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